Innovación y la pizarra de toda la vida.

Hace unos días he participado en un encuentro entre Ongs y empresas llamado #empleandodigital.

 

Entre otras intervenciones un ponente presentó un vídeo en el que aparecen unos mecánicos cambiando las ruedas de un F1.

 

En una de las imágenes aparecen mecánicos de los años 50.

 

En otra los mecanicos son de hace un par de años.

 

Podeis imaginaros las diferencias.

 

Hacen exactamente la misma tarea, cambian las ruedas. Lo único en que se diferencia es en la manera y la rapidez.

 

La misma tarea mas rápido y mejor enfocada.

 

Eso es innovación.

 

No será que en la F1 no hay innovación!

 

La cuestión es que nos matamos a hablar de innovación en nuestras entidades y a veces no hay que pensar en hacer cosas nuevas sino simplemente intentar verlas desde otro punto de vista.

 

Ni siquiera cambiar la actividad, solo hacerla de otra manera.

 

Añadiendo pequeños cambios en su desarrollo.

 

 

El tema es que siempre hay manera de innovar y no siempre es tecnológica que es la mas visible.

 

 

 

 

 

 

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Gorka De Luis.

Gorka De Luis.

Creo firmemente en la potencialidad del 2.0 de cara a favorecer el acceso de las personas al mercado laboral. La idea es continuar caminando, y aprovechar todo lo que esta naciendo alrededor de la orientación laboral, el empleo, y el desarrollo personal.
Gorka De Luis.

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7 Comentarios

  1. Tenemos un mal vicio. No sé si adquirido o sutilmente introducido por los “próceres del cambio” que son los que, al final, se lo van a “llevar calentito”. Cada vez que se produce un salto de supuesta calidad en alguna actividad ( la educativa incluida) siempre hay quien trata de erradicar de un plumazo toda la experiencia anterior y se llegan a considerar los creadores de la única y absoluta verdad. Se han introducido en la enseñanza una serie de medios sin haberse molestado en testar su utilización y efectos. Sin antes, consultar/informar/formar al profesorado en el empleo y utilización didáctica de las mismas. Se introduce un material tecnológico con un alto valor económico ( comisiones y prebendas extras incluidas, que es lo que interesa) y luego se le pasa el embolado al profesional docente en una suerte de “sálvate si puedes”. Uno de los más graves errores históricos en todas las facetas de la vida ( la educativa incluida) es obviar e incluso hacer de menos, a toda la experiencia acumulada a través de años de experiencia docente. Uno, que vivió las ya incontables reformas educativas y planes de estudios, no deja de sentirse perplejo ante otra( enésima) maniobra orquestal en la oscuridad. Menos mal que me coge jubilado y no me afecta tan directamente pero, no por ello dejo de sentir tristeza por la nueva/vieja estrategia de engordar empresas de suministro e interés económico-político, a costa del trabajo denodado del esforzado y siempre dispuesto docente. Un abrazo solidario, compañeros.

    • Hola Diego! No puedo estar mas de acuerdo contigo. Ver el tema de las aulas planeta, sin cuestionarse que hacer con los menores que no tienen acceso a Internet en casa, me enerva. Hay proyectos interesantes de empresas que se mojan, pero no son los que mas abundan.
      Lo normal es que las editoriales no se planteen nada mas que vender, y que los colegios no se planteen nada mas que en nombre de la innovación y el cambio, arrasar con años de experiencia y metodologías que si funcionan.
      Lo tecnológico no es malo. Lo que es malo es aplicarlo como si fuera dogma de fe.

  2. Hola Gorka,

    He visto tu artículo sobre innovación y F1 y no he podido resistirme 😉

    Yo añadiría a tu pequeña lista de cambios necesarios para la innovación uno que creo que es el eje fundamental de todo proceso de innovación y que es tan simple como “TENER GANAS DE INNOVAR”. Y por desgracia, esas no abundan.

    Estoy de acuerdo con vosotros (Gorka y Diego) en que el tema de la innovación en las aulas daría para hablar largo y tendido. Cierto es que por un lado en muchos casos algunas empresas “venden” un producto que luego no se utiliza o no se le saca el rendimiento que se podría de él, pero ¿de quién es la culpa entonces?, ¿de la empresa o del usuario?…

    La respuesta corta (balones fuera) es que la culpa es de la empresa, ya que (siguiendo con el ejemplo de las aulas) sólo le interesa vender y nos han “colocado” una pizarra digital que cuesta una pasta para proyectar las mismas diapositivas que antes se proyectaban con un proyector de transparencias…
    Ahora proyectar una transparencia cuesta 1000 veces más de lo que costaba antes…

    La respuesta larga es que la culpa es “nuestra” ya que no estamos dispuestos, ni tenemos ganas de hacer el esfuerzo necesario para aprender a (o al menos intentar) hacer las cosas de otra manera, y quizás una de cada 10 veces, incluso mejor que antes, ya que una pizarra digital ofrece mil posibilidades más que el antiguo proyector de transparencias….

    Luego la proyección de diapositivas resulta realmente 1000 veces más barata, y ahora además podríamos hacer 999 cosas más con la pizarra…. [otra cosa es que las hagamos].

    Al presentar una idea innovadora que implica un cambio (por minimo que sea), en el 99% de los casos, la respuesta que se recibe por parte de quien la escucha es “¿por qué?…”, “¿por qué hay que cambiarlo si llevo haciéndolo así 25 años?…”, “¿por qué tengo que cambiar mi forma de dar clase, si llevo impartiendo la misma asignatura 25 años (y de la misma manera)?…”, ambas preguntas llevan implícitas sus respuestas….. precisamente porque llevas haciendo lo mismo de la misma manera desde
    hace 25 años y desde hace 25 años hay muy pocas cosas que no han evolucionado.

    ¿Y si en vez de preguntar “¿por qué”, nos preguntásemos “¿por qué no?…” ?, ¿por qué no voy a probar esta otra opción?, ¿por qué no intento hacerlo de otra manera…?

    Si esta pregunta la hiciéramos sobre 10 cosas que hacemos actualmente, lo más probable es que una de cada 10 veces encontremos una solución que es un tanto mejor que lo que tenemos ahora. 90% de fracasos…. ¡sí!, pero si perseveramos, tras 100 preguntas con la misma tasa de 90% de error, habremos conseguido modificar el 100% de nuestra situación inicial.

    Esto es lo que ha sucedido en la F1. La F1 ha ido implementando cambios paulatinamente (y constantemente) desde que los pit-stops los hacía un único mecánico y se tardaban 5 minutos en cambiar dos ruedas, hasta los dos segundos escasos de la actualidad.

    Esta mejora ha sido posible porque existía un interés por mejorar (aunque únicamente fuera por ganarle al otro) y desde luego se ha aprovechado de la tecnología hasta extremos difíciles de creer (hasta que lo ves en vivo) para poder producir ese cambio. Eso sí, la tasa de éxito de las innovaciones en F1 seguramente es muy inferior al 10% del que hablaba antes.

    Adaptarse a la ÚLTIMA tecnología desde la PENÚLTIMA resulta sencillo y se convierte en un proceso de evolución y mejora continua en el que por ejemplo está metida la F1.

    El problema fuera de la F1 es que no hay una competición que nos espolee a querer/tener que mejorar/innovar, y aquellos que intentan hacerlo se encuentran de bruces con los muros inamovibles de los que se aferran a la estadística del 90% de fracasos para no intentarlo ni dejar que nadie lo intente por ellos.

    …y ciertamente, no toda la innovación tiene que pasar por el ámbito tecnológico, pero creo que tampoco resulta realista intentar aferrarse a ultranza a mercados/modelos de negocio o formas de trabajar del siglo XIX y XX (taxis, música, tv, agencias de viaje…), intentando acotar, limitar o negar las posibilidades
    que tecnológicamente se van produciendo (uber, contenidos digitales, streaming, reservas de viajes por internet…), ya que incluso a pesar nuestro, la innovación se termina imponiendo.

    En tiempos de Darwin a la innovación se le llamó “evolución”, y de ella nos pueden hablar mucho los dinosaurios. ;-)))

    • Hola Marco E.
      Desde mi punto de vista, en tu comentario hay puntos en los que das de lleno en la diana de los argumentos del mío.
      Escribes “ ¿de quién es la culpa entonces?, ¿de la empresa o del usuario?”…y sigues…”La respuesta larga es que la culpa es “nuestra” ya que NO ESTAMOS DISPUESTOS, NI TENEMOS GANAS DE HACER EL ESFUERZO NECESARIO PARA APRENDER a (o al menos intentar) hacer las cosas de otra manera”
      Mas adelante añades : “¿Y si en vez de preguntar “¿por qué”, nos preguntásemos “¿por qué no?…” ?, ¿por qué no voy a probar esta otra opción?, ¿por qué no intento hacerlo de otra manera…?”
      Con esas afirmaciones, has llegado exactamente al punto de partida de mi opinión y de mi experiencia de más de 40 años de docencia. Te aseguro que a lo largo de mi vida docente, me he preocupado enormemente de estar al día. He realizado cursos y más cursos que se me ofrecieron por parte de la administración, la empresa o incluso costeados económicamente por mi mismo. Siempre fui en busca de una mejor preparación para ejercer mi profesión y adaptarla a los tiempos y nuevas técnicas o leyes educativas. No exagero si te digo que son bastante más de CIEN CURSOS (conservo las certificaciones y titulaciones al respecto) la mayor parte de ellos inútiles, donde los temarios y el personal encargado de realizarlos eran cuando menos de dudosa calidad y cualificación. Eso sí, con una pérdida impresionante no solo de horas de nuestro tiempo libre personal sino económica, ya que me consta que las empresas que los impartían estaban bien pagados y dotados económicamente (Público es que este tipo de cursillos fueron un “chollo” muy lucrativo para algunos hasta el punto de ser considerados chiringuitos de firma y cobra. Tanto que incluso fueron llevados a los tribunales en muchos de los casos)
      En tu ejemplo sobre la F1, vuelves a dar en la diana cuando dices “los pit-stops los hacía un único mecánico y se tardaban 5 minutos en cambiar dos ruedas, hasta los dos segundos escasos de la actualidad. ¿Ves la gran diferencia? En la F1 no solo dotan del material especializado sino que aportan más personal, lo cualifican, lo entrenan… exactamente lo contrario que se suele hacer en educación. Te “venden” material pero ni cualifican ni adiestran en su correcto empleo y modo de extraer su máximo rendimiento pero, una vez más, los que engordan sus bolsillos y los que no gestionan ese gasto correctamente, vuelven ( como en el villancico de los peces en el río) a dejar caer que la culpa será del docente que, como dejas traslucir.
      Por supuesto, nada de esto que dices y comentas es nuevo para mí, Sé muy bien como se “negocia” el tema no solo en el aspecto educativo sino también en otros, por ejemplo en el sanitario. Me consta de forma muy directa que un hospital nuevo como el Álvaro Cunqueiro de Vigo ha sido dotado de muchos y excelentes aparatos de un gran valor económico y médico, que facilitaría enormemente la gestión médica y la atención al paciente. ¿Sabes por qué están guardados en un almacén o, los que están instalados, está infrautilizados o de simple adorno? Porque no se ha dotado de personal preparado, experto en su utilización ni se han molestado en formar adecuadamente al ya existente.
      Del mismo modo, te aseguro que somos muchísimos los docentes que TENEMOS GANAS DE INNOVAR porque ello hará que nuestras horas de dedicación sean más fructíferas, más atractivas para nuestro alumnado, más gratificantes para nosotros…Vemos claramente que en la innovación está la base fundamental de la educación y en la tecnología los cimientos de su futuro pero también somos conscientes de que, al pairo de esos criterios, muchos siguen echando el carro delante de los bueyes y que seguimos siendo los mensajeros a los que se “mata” cuando el sistema no funciona. Los que se llevan “ la pasta gansa” pero no gestionan la correcta preparación de los docentes con los cursos, medios… con el mismo ahínco y eficacia que lo hacen con los mecánicos de la F1, siempre tendrán en nosotros los “chivos expiatorios” de su ineficacia en la gestión pero de sus pingües beneficios.

    • Hola Marco y Diego. Mil gracias por el debate generado. Os adelanto que a mi mujer que también es docente, la tenéis enganchada.
      Estoy de acuerdo en lo que ambos comentáis. No quiero ser simplista, pero al final siempre aparece el tema de la actitud. Siempre depende de la actitud de la persona. La que oferta innovar, la que quiere innovar, la que busca o la que recibe. Siempre la actitud de la persona.
      Lo dicho a ambos, mil gracias por participar en el blog.

      • Gracias a tí Gorka y, como no podría ser de otro modo, también a Marco E. El debate, respetuoso y basado en la experiencia personal, siempre es enriquecedor. Sean cuales sean las diferencias, la discrepancia respetuosa y argumentada, es la base de la mejora personal y/o profesional., Vamos, igual que la lucha en el mar ( nunca contra, sino con el mar) que tú y yo conocemos tan bien. Debatir, sin dogmas inamovibles, es crecer y ojalá que sigamos queriendo hacerlo hasta el último momento de nuestro respirar.

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